El marco sí fue imponente: la Cumbre de Impacto de la IA 2026 en el Bharat Mandapam de Nueva Delhi. Digo fue, aunque en realidad se extendió un día adicional para ver si juntaban alguna firma más al documento final. Bajo el lema Sarvajana hitaya | Sarvajana sukhaya ("Para el bienestar de todos | Para la felicidad de todos"), la India intentó demostrar que el futuro de los algoritmos de IA no pertenece solo a Silicon Valley (USA) o a Zhongguancun (China). Pero el brillo y la promesa de los 250.000 millones de dólares de inversión no ocultaron las grietas en la "unidad global", y las voces críticas o preocupadas a veces parecen tener intenciones ocultas.
Y hay detalles que dicen más que mil palabras, como ver a dos de los grandes de la IA, Sam Altman (OpenAI) y Dario Amodei (Anthropic), evitar darse la mano en el saludo final y dejarnos este raro momento: https://www.youtube.com/watch?v=oGKILgeAdU0
La estructura de la cumbre se basó profundamente en las raíces del anfitrión, tomando tres sutras (textos breves que sintetizan enseñanzas fundamentales de la India) como base para el futuro sostenible de la IA:
- Gente: La IA debe servir a la humanidad en toda su diversidad, preservando la dignidad y garantizando la inclusión.
- Planeta: La innovación en IA debe estar alineada con la gestión ambiental y la sostenibilidad.
- Progreso: Los beneficios de la IA deben compartirse equitativamente, impulsando el desarrollo y la prosperidad global.
Y siete temas que, siguiendo el mismo concepto, denominaron Chakras (en este contexto podemos interpretarlos como centros dinámicos de energía y actividad que transforman los principios en acción):
- Capital Humano y Capacitación
- Inclusión para el Empoderamiento Social
- IA Segura y Confiable
- Resiliencia
- Innovación y Eficiencia
- Ciencia e Investigación Colaborativa
- Democratización de los Recursos de IA
- IA para el Crecimiento Económico y el Bien Social
Voy a usarlos de guía para este breve análisis.
Capital humano, inclusión y empoderamiento social
Una línea conductora de toda la cumbre propuesta por el anfitrión fue democratizar la IA para el Sur Global. Y posicionar a India como punta de lanza, ya que es prácticamente el único de este hemisferio en condiciones de hacerlo. India está en pleno proceso de pasar de ofrecer solo servicios tecnológicos a vender propiedad intelectual. Para eso, el gobierno anunció la Misión IndiaAI 2.0: un plan para capacitar a 2 millones de personas en habilidades de IA, y su proyecto Bhashini, que traduce 22 idiomas en tiempo real para que ningún ciudadano quede fuera de la revolución que se viene.
Estas promesas de inclusión siempre chocan con la paradoja del empleo: parece que la velocidad de la tecnología superará cualquier esfuerzo por no dejar a nadie afuera. Mientras figuras como Stuart Russell advirtieron que la IA está diseñada naturalmente para sustituir a los humanos, el ministro Ashwini Vaishnaw defendió que el compromiso de las empresas bajo el pacto de Nueva Delhi permitirá analizar el impacto real en los empleos para crear políticas basadas en evidencia.
Creo que pronto veremos si los tiempos de las políticas y las evidencias no quedan en el recuerdo de lo que no pasó.
Incluso peor perspectiva parece tener “empoderamiento social”, cuando todo parece conducir a una “dominación algorítmica”. Una de las voces que se refirió a esto fue el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva: "Cuando pocos controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no estamos hablando de innovación, sino de dominación". Y advirtió que, si el control permanece en manos de unos pocos multimillonarios, los ciudadanos del Sur Global dejarán de ser beneficiarios para convertirse en "materia prima" para la IA.
Seguridad y confianza
En la loca carrera por ver quién llega primero a la IAG (inteligencia artificial general, o algo parecido), la seguridad es el punto donde todo se complica y las palabras que se dicen parecen no valer nada (a veces un gesto como de Altman y Amodei dice mucho más).
Sam Altman dijo que el mundo necesita una regulación "urgente" similar a la del Organismo Internacional de Energía Atómica. A simple vista, parece un gesto de responsabilidad heroica: el creador pidiendo frenos para su propia criatura. Pero para algunos escépticos esto puede ser solo estratégico: complicar tanto la subida que nadie más llegue, salvo los que ya están. Al poner estándares de seguridad increíblemente complejos y marcos legales burocráticos, las Big Tech crean un muro de entrada casi insuperable. Una startup de garaje en Nairobi o una pequeña firma en Buenos Aires difícilmente podrá costear los ejércitos de abogados y auditores necesarios para cumplir con una "OIEA de la IA".
Entonces, otra paradoja: los gigantes de la IA suplican que los regulen y los países donde funcionan se niegan a hacerlo. La delegación de Estados Unidos (solo envió equipos técnicos) rechazó de plano la idea de una gobernanza global centralizada o cualquier tipo de regulación, diciendo que estos debates sobre ética podrían terminar creando un "ecosistema competitivo inhibido". Algo similar a lo sostenido por el gobierno argentino, que no envió delegación, pero tenemos los dichos del actual ministro Federico Sturzenegger en Davos el mes pasado: "Mi única tarea es que no aparezca ninguna ley de inteligencia artificial".
Por supuesto, también hubo voces desde el otro lado. El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo que el futuro de la IA no puede quedar abandonado "al capricho de unos pocos multimillonarios". Y pidió un fondo global de tres mil millones para que la tecnología no sea una herramienta de dominación, sino un bien público.
India, que buscó en todo momento mostrar hechos más que palabras, mencionó las nuevas reglas de TI 2026, que obligan a las plataformas a retirar contenido ilegal generado sintéticamente en un plazo récord de 3 horas tras una notificación. La carrera contra los deepfakes y los riesgos para las democracias exige a los gobiernos acelerar para no verlo pasar desde atrás. (Nota al margen: muy interesante el libro de Mustafa Suleyman, La ola que viene, para profundizar este y otros temas).
Al final del día, lo que quedó claro es que la "seguridad" es la palabra favorita de todos, pero cada uno la usa para un fin distinto. Y nosotros quedamos perdidos entre discursos que dicen menos de lo que aparentan.
Resiliencia, ciencia y chips
Para algunos la IA es el nuevo petróleo, pero para mí es mucho más que eso. Es un nuevo motor, una herramienta universal. Y entonces los centros de datos, los chips y la energía son el combustible de ese motor. Y algo se discutió sobre quién debe tener las llaves de esta maquinaria.
Este grupo de trabajo se centró en la infraestructura física: centros de datos y conectividad de alta velocidad capaces de resistir desastres. Pero no se habló tanto de los desastres que pueden provocar.
¿Qué pasa con la sostenibilidad? Mientras se promueve la "IA verde" para reducir la huella energética de los centros de datos, los anuncios de inversión parecen ir a otro ritmo: una expansión masiva. El grupo Reliance (Jio) anunció más de 120.000 millones de dólares para centros de datos a escala de gigavatios, y el Grupo Adani otros 100.000 millones para infraestructuras impulsadas por energía renovable hacia 2035.
¿Podrá el planeta soportar este crecimiento, incluso si se etiqueta como "verde"? Si la demanda energética crece mucho más rápido que la producción, ¿cuánto valdrá la energía? ¿Ideas innovadoras como centros de datos en el espacio serán una solución definitiva?
Y si la IA es un motor capaz de producir conocimiento, ¿de quién es ese conocimiento?Este punto se centró básicamente en un llamado a compartir conjuntos de datos y resultados de investigación, por ejemplo para resolver crisis de salud global o descubrir misterios del espacio, y poco más. Demis Hassabis (Google DeepMind) fue uno de los más optimistas, imaginando una "nueva era dorada para el descubrimiento científico" y un "renacimiento" impulsado por herramientas como AlphaFold.
Hasta ahora Google parece ser fiel a esta idea, compartiendo de forma libre herramientas avanzadas. Pero ¿hasta cuándo? Por ejemplo: una herramienta basada en IA que no solo haga predicciones sino que realice experimentos por sí sola (algo que ya existe: https://openai.com/es-419/index/gpt-5-lowers-protein-synthesis-cost/) y que pueda encontrar la cura a todas las enfermedades… ¿será puesta al servicio de todo el mundo? ¿La empresa o el país que la logre regalará este descubrimiento?
También se habló sobre los chips, que vendrían a ser las bobinas de este motor. Un punto tan geopolítico que nada de lo que se diga o firme parece tener sentido si, de un día para el otro, se ponen aranceles o se prohíbe su exportación.
Otra vez India mostró propuestas concretas, como ofrecer potencia de cómputo barata para investigación, ya que cuenta con más de 38.000 GPUs de alta gama y planea añadir otras 20.000 en las próximas semanas. Parece mucho, pero pensemos que solo Elon Musk con xAI tiene unas 200.000; Microsoft unas 500.000; y Google un poder de cómputo cercano al millón. Las 58.000 que India quiere compartir con el Sur Global se quedan un poco lejos. Pero sin duda es mejor que nada.
En este marco, India anunció su entrada a la alianza Pax Silica liderada por Estados Unidos, para asegurar las cadenas de suministro de semiconductores. Básicamente, un tratado de cooperación política y económica de EE.UU. en el juego geopolítico contra China. Por ahora, solo nos sirve para ir viendo cómo se acomodan las piezas.
Crecimiento económico y la felicidad eterna
Los números que se mencionaron:
- billones de dólares
- porcentajes de productividad
- millones de personas con acceso a herramientas avanzadas
- cientos de enfermedades que pronto tendrán cura
Son una promesa casi inequívoca de una era dorada donde la eficiencia tecnológica disparará el PBI y el bienestar de la humanidad.
Pero no hay que olvidarse de algunas cosas.
Estamos ante una tecnología de “caja negra”, jugando con avances que no entendemos ni estamos seguros de poder controlar. No sabemos si ese crecimiento no será una herramienta de exclusión, si el hambre de energía de los centros de datos no se saciará con el hambre de nosotros.
Mientras las empresas avanzan a toda velocidad, a los países en general , y a las potencias en particular (EE.UU. y China), les cuesta llegar a cualquier mínimo acuerdo. Muchos piensan que existen riesgos existenciales en esta tecnología, y son algunos los que sostienen que “todos los temores asociados a escenarios distópicos son una porquería”, como dijo el presidente argentino recientemente en Davos.
De ambos lados tenemos científicos, empresarios y políticos. Es imposible tratar de adivinar quién tiene razón. Pero no queda duda de que la IA es una tecnología fundacional. Lo que ya tenemos es transformador, y parece que es solo el comienzo.
Estos eventos, como el de Nueva Delhi, son una ventana translúcida que nos deja entrever la situación actual. Una superposición de capas: inversión récord y desigualdad de infraestructura; llamados a regular y rechazo a la regulación; promesas de inclusión y concentración de poder computacional. No sé si llegamos a ver con claridad, pero por lo menos es un pantallazo de las estrellas del momento. Un teatro con alfombra roja donde a veces los gestos dicen más que las palabras.
Creo que la gran mayoría solo somos usuarios de las herramientas de IA y espectadores de los cambios que nos afectan como sociedad y como especie. Me parece que tenemos que dejar de serlo. O por lo menos ser espectadores informados para tratar de entender lo que pasa.